7 noviembre 2017

Las pantallas son un elemento importante en la vida de nuestros hijos, por eso es indispensable que les acompañemos mientras las utilizan. 

Además de conocer los peligros y riesgos a los que se exponen los menores en internet, tenemos una oportunidad única de implicarnos en la educación de nuestros hijos desde la forma cómo se relacionan con la tecnología, afirma María Zabala en su blog iWomanish y en una entrevista de Empantallados.

Retomando la entrevista de María Zabala en empantallados.com, aquí ampliamos las 7 preguntas básicas sobre pantallas, menores e internet.

¿Cuándo empezar la educación digital?

El momento es ahora. Hoy es cuando hay que intervenir en la educación digital de nuestros hijos, tengan la edad que tengan.

Aprovechemos las circunstancias para abrir espacios de conversación con nuestros hijos.

Así podremos saber qué les gusta o disgusta, qué prefieren, qué les preocupa, qué hacen sus amigos con sus dispositivos, qué les atrae, qué les afecta y qué tanto conocen o desconocen de los beneficios e inconvenientes de los medios que utilizan.

¿Dónde están usando las pantallas los niños?

Lo ideal es que sea en zonas comunes de la casa, que no se queden solos en su cuarto o en el baño viendo vídeos o jugando con un videojuego o una app.

También es aconsejable fijar un lugar para dejar los teléfonos y dispositivos fuera del alcance de todos durante el tiempo en el que dormimos y comemos.

Así como definir, en el router de casa, los horarios de uso y desconexión de wi-fi, tanto para limitar el acceso a internet, como para reducir la radiación electromagnética mientras dormimos.

¿Cuándo utilizar las pantallas?

Es preferible crear rutinas, como por ejemplo, dejar que los menores utilicen las pantallas después de haber merendado y hecho los deberes.

Se pueden establecer días de la semana, horas marcadas y reglas claras para el uso de las pantallas.

Varios estudios demuestran que la exposición a las pantallas de visualización antes de acostarse perjudica los ciclos naturales del sueño, lo que puede producir insomnio, cansancio y cambios de humor.

¿Cuánto tiempo?

PinkSandTimerDepende de la edad, del contexto y del contenido.

En cuanto a la edad, las asociaciones de pediatría no recomiendan el uso de móviles y tabletas para menores de tres años. A partir de esa edad y hasta los cinco-seis años, sugieren un máximo de una hora diaria. Para los mayores de diez años, que utilizan buscadores y otras aplicaciones educativas para hacer sus deberes, la exposición total a las pantallas debería limitarse a dos horas diarias.

Si prestamos atención al contexto y al contenido, nos preguntaremos, por ejemplo, ¿Cuánto tiempo tarda en ver una película, un vídeo?, ¿está enganchado a un videojuego durante horas?, ¿utiliza una app educativa? Ante la duda, podemos verificar los historiales de navegación.

En cualquier caso, es necesario establecer un tiempo limitado de consumo que sea adecuado para la edad del niño o utilizar herramientas que les ayuden a desconectar.

¿Qué?

El qué es muy importante, por eso hay que elegir contenidos adecuados para la edad del niño.

A qué sitios podemos ir para obtener información fiable sobre educación digital, qué apps podemos descargar porque son útiles, qué vídeos merece la pena ver o qué entornos seguros podemos utilizar en donde los niños no se encuentren con contenidos poco adecuados para su edad.

La tecnología en casa incluye aparatos como televisión, smartphones, tabletas, ebooks, ordenadores, video-consolas de salón o portátiles, drones, routers y cualquier juguete que requiera conexión wi-fi.

Es tecnología utilizar los buscadores, las redes sociales, las apps, el correo electrónico, un asistente como Siri. También, ver vídeos en Youtube, escuchar y descargar música online. Así como mandar mensajes, llamar o hacer una video conferencia por Skype, Whatsapp o Facetime.

¿Quién acompaña?

Lo más importante es la compañía y la presencia de los padres y de las madres mientras los niños juegan.  Somos responsables y hemos de estar cerca de nuestros hijos porque los dispositivos no son niñeras.

No se trata de jugar o ver el vídeo con ellos, sino de preguntarles qué han hecho, si les ha gustado, por qué, para qué.

Se trata de que entiendan que detrás de las pantallas siempre hay personas y que todos merecemos respeto.

¿Cómo?

Lo primero es preguntarnos cómo son nuestros hijos, qué prefieren. Son sociables o solitarios. Son fuertes o sensibles a los comentarios. Son creativos o pasivos. Son curiosos e investigan en internet. Son más de videos, de videojuegos, de apps.   Prefieren leer o jugar al aire libre. Les gusta ver la tele.

Cada familia es un mundo, cada niño es diferente. Lo acertado es reflexionar sobre cómo es nuestra familia, cuánto usamos las pantallas, cómo las usamos, en dónde. No todo nos vale a todos.

A partir de ahí y de lo que queramos conseguir, hemos de marcar unas bases y establecer unas normas que nos permitan inculcarles unos hábitos saludables en cuanto al uso de la tecnología.

También es importante dejar a un lado los miedos porque no hace falta ser informático para enseñarles a relacionarse de forma saludable con la tecnología.

Se trata de acompañar y de poner límites, no de controlar a nuestros hijos.


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